• Cómo se manipuló la información acerca de las grasas y carbohidratos en la salud del corazón y vasos sanguíneos.
  • Conociendo esto, podemos dar mejores consejos de salud.

Dr. Rafael García Chacón.

No somos muy amigos de las “teorías de la conspiración” pues, aunque esta ha sido una realidad permanente en la historia humana, hoy día encontramos en internet exageraciones de todo tipo que busca manipular incautos. 
Lamentablemente, la mayor parte de la gente tiende a creer lo malo que le cuentan de los demás y a creer poco lo bueno, esta característica primitiva del desarrollo de la mente humana, ha sido usada por los grandes manipuladores de las masas del pasado y del presente. 
Pero ahora, nos encontramos frente a una conspiración verdadera, que ha sido verificada por investigadores serios de la Universidad de California en San Francisco. 
La Dra. Cristin Kearns y su equipo, revisaban por motivos diferentes, archivos de hace 50 años de la industria del azúcar, cuando se encontraron con algo inusitado. 
Hace 50 años, empezaron a aparecer investigaciones que, mostraban que el azúcar es al menos tan dañino para el corazón como el consumo de grasas saturadas. 
Entonces, según revelan estos documentos, las autoridades de la industria del azúcar contrataron a dos prestigiosos investigadores de la Universidad de Harvard para que revisaran las investigaciones acerca de las grasas, el azúcar y las enfermedades cardiovasculares. Esto para favorecer el azúcar. 
Finalmente, después de muchos ajustes, la revisión tenía un sesgo a favor del azúcar que pasó inadvertido y fue publicada en la revista médica New England. 
En la misma, se criticaba minuciosamente las inconsistencias de las investigaciones que correlacionaban el consumo de azúcar con las enfermedades cardiovasculares, pero no se hizo lo mismo con las que correlacionaban el consumo de grasas como las saturadas con estas enfermedades. Estas se presentaron como hechos bien fundados. 
Finalmente, esta revisión “amplia y cuidadosa”, publicada en la revista New England, marcó un hito, que hizo que le prestáramos atención de un modo especial a las grasas y dejáramos de lado las evidencias que también condenaban al azúcar. 
Fuente: Stanton Glantz, profesor de medicina de la University of California, San Francisco y Dra. Cristin Kearns, autora líder del nuevo estudio, news release, Sept. 12, 2016. 
NUESTROS COMENTARIOS:
  • Aunque hoy no estamos exentos de estas manipulaciones, es más difícil, ya que ahora las revistas científicas declaran quien financió la investigación y si hay conflicto de intereses de los investigadores que pudieran sesgar los resultados.
  • Si nos vamos a ceñir a las mejores evidencias disponibles sobre alimentación y enfermedades cardiovasculares en la prevención y tratamiento de las mismas, la alimentación es muy, muy importante, pero es necesario ponerles atención a todos los factores básicos de la misma: grasas, carbohidratos y proteínas.
  • Con respecto a las grasas, tal como se sabe, desde hace más de 50 años, hasta los estudios de buena calidad más recientes, las grasas saturadas juegan un papel en el desarrollo de la enfermedad; sin embargo, hay otros jugadores de más peso en esta relación nefasta, por ejemplo, las grasas trans.
  • Además, algunas grasas pueden ejercer un efecto protector en estos casos como el aceite de oliva y el omega 3, estos últimos presentes en los peces de agua fría, linaza, chía y verdolaga, entre otros alimentos.
  • Los carbohidratos también importan y en esto los jugadores más importantes son el azúcar y el jarabe de maíz alto en fructuosa; pero además los otros carbohidratos concentrados como los cereales y la papa también tienen su aporte significativo cuando se utilizan en altas cantidades en la dieta o se usan refinados. En cambio, algunos alimentos que aportan carbohidratos tienen un claro papel protector como las verduras y frutas.
  • Aunque es menos conocido aún, las proteínas también son importantes en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Como de costumbre, algunas juegan a favor de las enfermedades cardiovasculares como las carnes rojas y procesadas. En cambio, otras juegan a favor protegiendo, como el pescado, las leguminosas y sobre todo las semillas oleaginosas y los germinados.
Para saber más de esto, les recomendamos leer nuestro libro: El Código Alimentario”.

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